24 de febrero de 2009

Y sin embargo, la sonrisa de la Mona Lisa es algo más que una ilusión visual

No fue la intención de la neurobióloga Margaret Livingstone desentrañar el misterio de la belleza de la Mona Lisa; la belleza, incluso la propia definición de obra de arte, siguen en suspenso por los territorios de la Estética y la teoría del arte. Cuando la profesora de la Universidad de Harvard explicaba en agosto de 2005, en el marco del Congreso Europeo de Percepción Visual celebrado en A Coruña, que la sonrisa de la Gioconda se había realizado de manera que provocaba en nosotros una ilusión óptica, no hacía más que confirmar que los artistas, de manera intuitiva, se han venido sirviendo, desde siglos atrás, de técnicas que juegan con nuestra percepción visual.


Margaret Livingstone, apoyándose en la neurobiología, mostró como el ojo humano tiene dos tipos de visión: la visión central, muy buena para reconocer los detalles, y la visión periférica, mucho menos precisa pero más adecuada para reconocer las sombras. Leonardo Da Vinci pintó la sonrisa de la Mona Lisa usando el esfumado (sfumato), técnica pictórica aportada por él consistente en la supresión de los contornos precisos, envolviéndose todo en una especie de niebla o sombra imprecisa que difumina los perfiles. Esas sombras son percibidas mucho mejor por nuestra visión periférica y así, la sonrisa es difícil de apreciar si se fija la vista en la boca de la Gioconda, pues entonces el ojo humano la enfoca con la visión central. Para ver sonreír a la Mona Lisa hay que mirarla a los ojos o a cualquier otra parte del cuadro, de modo que sus labios queden en el campo de visión periférica.

En la siguiente imagen he tratado de mostrar un ejemplo donde esta ilusión visual es más explícito. Si observamos cualquier punto de la imagen menos el centro, percibiremos a este como rodeado por una marcada sombra. Cuando enfocamos al punto negro y central de la imagen, aquella sombra parece, poco a poco, ir menguando pues nuestra visión central va a discriminar esos medios tonos en pos de una nítida percepción del punto central.


Resulta interesante conocer nuestro funcionamiento perceptivo aunque, afortunadamente, ni la técnica artística aplicada, ni los defectos fisiológicos del artista (el estrabismo de Rembrandt o el astigmatismo de El Greco), nos explicarán por qué reconocemos como bellas las obras de arte. Qué interesante la Gioconda así de cerca ¿verdad?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Menuda movida esata d la sonrisa de la mona, yo vi el cuadro en el Louvre hace dos años, la verdad es que no me impresiono nada de nada, a lo mejor por que mide 35 o 40 cm, o a lo mejor por que soy dificilmente impreionable... nunca se sabe.. Un abrazo amigo

JM Lorite dijo...

La verdad es que tienes razón con lo de impresionarse con los objetos o las obras de arte o lo que sea... tantas expectativas creadas con tantas cosas que cuando se observan te dejan pelín frío. A mí lo último que me ha sorprendido es una tapa que ponen cerca de mi trabajo de solomillo con cebolla caramelizada... un abrazo!

Anónimo dijo...

Y si no sabes nada de arte, ni tienes la sensibilidad...menos te impresionas...

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